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viernes, 22 de junio de 2007

Estatua

Estaba una mujer haciendo uso de su amante, cuando oye que el marido abre la puerta. - ¡Date prisa! -le dice al tipo- ¡quédate de pie en la esquina!... Rápidamente, le frota aceite de bebé por todo el cuerpo y luego le espolvorea con polvos de talco. - No te muevas hasta que te lo diga -le susurra ella-, simula que eres una estatua. - ¿Que es esto, querida? -le pregunta el marido al entrar. - ¡Oh, solo una estatua! -responde ella con naturalidad-. Los Pérez compraron una para su dormitorio. Me gustó tanto que compré una para nosotros también. No se habló más sobre la estatua, ni siquiera por la noche cuando se metieron en la cama. A las dos de la madrugada, el marido se levanta, va a la cocina, y vuelve con un sandwich y un vaso de leche. - Toma -le dice a la "estatua"-, come algo. Yo me estuve como un idiota durante tres días en el dormitorio de los Pérez y nadie me ofreció siquiera un vaso de agua.

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